martes, 3 de enero de 2017

Diego Illescas

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Después de la tarde

La tarde es un funesto mar
de interrogantes
que nos lanza las redes
de ayer y mañana

ver caer el sol
como una yema
desparramada
en el sartén.

nos hace sentir el frigorĂ­fico
de la noche

y preguntarnos
que tan cerca
o lejos
se está de la vida.

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La tarde es un lenguaje de cadáveres
que nos recuerda
la cercanĂ­a de la muerte

Moscas que nos hablan
en sus trayectorias
de lo que hemos dejado.

Ver un sol
morir cada tarde
en un tejado
y recordar
que nosotros
también somos solitarios
que nosotros
también somos soles

quizá sea
lo que nos atormenta

o tal vez
la angustia de saber
que nosotros
tras terminar el ocaso
no seremos soles


Sino
preguntas
recuerdos
lenguaje y sus bordes
cascaron siempre apunto de cuartearse.


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Mi realidad es un carro desmantelado. Siempre siempre lo ha sido. Robaron partes cuando niño. Mi padre se fue con el motor y así le siguieron a quienes creí mis amigos.
No todo es desgracia.
PodrĂ­a ser gato atropellado o no haber obtenido asientos tan lindos.
De la gente que paso a mi lado. Algunos se llevaron partes, otros las dejaron. AsĂ­, sin que lo pidiera.

Traigo tatuado un árbol en un costado. Desgracia es, que no crezca, que jamás lo hará.
A veces, por las noches, suelo pedir un deseo, soñar con que se cumple. Con que soy un árbol. Pero el sol que nos apuñala la espalda. Siempre. Siempre trae una catana larga con la que asestarnos.




Sigo
d         e            s           m            a            n          t         e        l      a       d         o


-Diego IIlescas


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